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jueves 4 de septiembre de 2025
marce oliveira
AJUSTE EN LA UNaM ANTES DE MILEI
a propósito de la semana mboyeré
visibilización contra el veto a la ley de financiamiento universitario
y autoevaluación institucional
17 de febrero de 2021. Editorial de la Universidad Nacional de Misiones. Pospandemia. Primera video reunión laboral antes de volver completamente a la presencialidad. La directora Nélida González y el secretario general de extensión universitaria Hernán Cazzaniga informaban sobre las decisiones que habían tomado en privado con algunos colaboradores; siempre acorde a la tradición política de la coalición hegemónica de la UNaM: Convergencia, Unidad y Compromiso .
En este mismo acto, me echaron de mi puesto de trabajo, quitaron el vehículo oficial a la editorial y desplazaron recursos humanos afuera de la organización, agravando la falta de personal y la escasez de herramientas de trabajo. No tuvieron que ocuparse de los problemas edilicios y las casi inexistentes políticas editoriales porque son parte de un modelo cultural de gobierno. Semanas después, rajaron como perros a las becarias.
Para ese entonces, el Frente Renovador de la Concordia Social ya estaba dentro de la universidad, pero recién ese año la editorial conoció explícitamente sus políticas de precarización. El objetivo es triple: 1. “ampliar” la universidad sacando recursos de algunas áreas para desarrollar otras, estrangulando el capital humano y económico, 2. forzar la flexibilización laboral para sostener las carencias por “vaciar para desarrollar” y 3. en el contexto desfavorable que la misma gestión impone, proletarizar políticamente a los trabajadores de manera individual y privada con beneficios, remuneraciones extra y privilegios.
actualización 14 • septiembre • 2025
SACAR TAREAS
La aplicación Fotos Google (android) me recordó en esta tarde de domingo un email laboral como si fuera lunes.
Es el segundo pedido de directivas para el Departamento de Promoción y Ventas de la Editorial de la Universidad Nacional de Misiones (Edunam). En aquel momento, 2020, todavía con el coletazo del aislamiento por covid, la universidad había establecido una modalidad doble entre teletrabajo y presencialidad, intermitente para los trabajadores.
El departamento en cuestión, en el que se encuentra la librería Edunam y del cual yo era auxiliar, demandaba tareas presenciales adecuadas a la materialidad de los libros y la logística de distribución y ventas.
Dos agravantes tensionaban las relaciones laborales: el deplorable estado edilicio que impedía organizar el depósito —por las inundaciones frecuentes— y el vehículo oficial inutilizado —por un accidente desde hacía meses—. Cajas de libros, computadoras y camioneta compartían el mismo espacio en un no tan alegre montón. Obviamente, los empleados insistíamos en que el equipo de gestión se haga cargo de la situación de abandono histórico.
En un contexto institucional desregulado laboralmente, por ausencia de políticas de recursos humanos y la negativa a asignar funciones —salvo cuando las categorías de tramo superior demandan responsabilidades patrimoniales o administrativas—, quitar funciones, desplazar o asignar tareas que se presumen denigrantes se conviertieron en el método de facto para estructurar el cuerpo de trabajadores.
En el fondo, es la pedagogía laboral predilecta de la gestión todavía en gobierno, que ya lleva la marca blend renovadora-libertariana (con matices ornamentales, nombres más, nombres menos) de separar claramente a los trabajadores de segunda línea (o tercera o cuarta).

En su intento de sostenerse en el poder, desregula, flexibiliza e informaliza procedimientos y lógicas institucionales para posicionar a su gente, leales votantes y alcahuetes , pero apocados a la hora de apropiarse y gestionar su voluntad de trabajo. Consecuentemente: no se puede ser un buen laburante si la función principal es avalar cualquier condición impuesta y desempeñarse a como dé lugar por más perjudicial que sea para sí mismo, sus compañeros o la institución.
Las becarias, contratadas y yo llevábamos un mes sin saber nada de las autoridades, habían cortado el diálogo sin dar explicaciones y tomaban decisiones en camarilla para luego expresarlas verbalmente. Por ejemplo, responder a los pedidos de stock de las librerías, distribución sin tener vehículo y seleccionar los libros apilados en cajas.
A pesar del clima laboral, el cachivacheo de la gestión jamás pudo sacarme la dulzura con la que me manejé siempre, tampoco me domesticó con dádivas discrecionales de horas extra, pago por productividad, capacitación selectiva; tampoco logró que me tire a muerto : tanto en el email como en el video de cuando me desplazaron de puesto laboral, siempre propuse trabajo en equipo orientado al desarrollo editorial y procurando las mejores condiciones para las compas . Es más, como gesto estratégico, siempre ofrezco la vía más fácil, barata y autogestiva, tal como gobierna Convergencia, Unidad y Compromiso hace años.
No lo cuento con orgullo, más bien con vergüenza. Solo me gusta el contraste. Francamente, acceder a trabajar en estas condiciones es un calvario denigrante. Porque cuando falla la pedagogía de la escuelita de alcahuetes, el resultado es un efecto squenunauta.
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