Por Marce Oliveira
Qué marcha
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La comunidad universitaria misionera se indigna con el nuevo veto de la ley de financiamiento universitario y ya no puede esconder sus ganas de «votar bien» en octubre. En la urna se condensa todo el combustible político y sindical. Al mismo tiempo, se estresa alegremente con múltiples actividades para adecuarse al modelo educativo de La Libertad Avanza y mostrar docilidad institucional y académica.
Más allá de eso, lo cierto es que la postura del Ejecutivo hacia las universidades públicas siempre será un gesto político significativo y, a esta altura, queda claro cuál es la de La Libertad Avanza: son un desperdicio de recursos para sostener un criadero de militantes y reproducir el ocio académico.
Todavía más significativa es la postura que la comunidad universitaria asume frente a los Gobiernos, especialmente, si además de recortes salariales y presupuestarios recibe agresiones, desprestigio y banalización.
Las conducciones gremiales y las autoridades de la Universidad Nacional de Misiones consuman el lineamiento que el Consejo Interuniversitario Nacional y el Frente Sindical de las Universidades Nacionales establecieron: poner bajo la mesa de diálogo la agitación del año pasado y el malestar añejo, para servirle al ministerio de Capital Humano una ley de financiamiento recalentada en cámara sobre un colchón de firmas, adobada con un mix de repudios y declaraciones edulcoradas. Tiempo a la carta.
Con timing perfecto y arreando a los gremios, durante las semanas de visibilización de la crisis universitaria, las autoridades de la UNaM ejecutan campañas de articulación del Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios (Sacau), modificaciones de reglamentos de concurso, jornadas de cuchuflitos y talleres de autoevaluación. También dejan ver el distintivo misionerista: ese felpudear neorrenovador que se expresa con exitismo y alegría disociada, desprovisto de conciencia.
Una política de la pavada orientada a «mostrar» que la universidad «tiene cosas lindas», «sirve para algo», «logra logros» y «hace cosas». Solo así se puede sostener el diálogo libertariano: acreditar los dichos del interlocutor con respuestas concesivas y conformistas. Una charla de dislates exponenciales que ya es tradición institucional, la novedad es que se valida el destrato. El indicador destacado es la servidumbre y entrega universitaria a los cómplices renovadores del ajuste.
El veto forzó un paro y ahora se viene la marcha. Con solo imaginar cómo harán las conducciones gremiales para agitar a las bases provoca comezón.
Todavía estamos esperando la expresión pública y propia de la intersindical UNaM. Hasta anoche, Centros de Estudiantes, Apunam, UDUM y Adunam estaban de reunión con la patronal, tras esperar que termine la juntada de rectores en el CIN y así recibir las directivas. No finjamos sorpresa si efectivamente sale marcha del aparato y la encabeza la blendi neorrenovadora, cómplice de Milei.
Las recientes acciones de mediado de agosto no lograron reunir más que a un puñado de entusiastas, UDUM, Apunam y los centros de estudiantes ni aparecieron. Cancelaron los plenarios de delegados, suspendieron la prometedora asamblea general interclaustro e interfacultades, finalmente se abocaron a estimular tareas institucionales como la modificación de reglamentos, autoevaluación y talleres varios.
El desafío es sacar algo bueno de todo esto, mejor todavía si es algo útil.
Cada instancia de evaluación, revisión interna, planificación, diseño de reglamentos, normativas o procedimientos es una oportunidad para desarrollar la universidad. También ayuda a exponer la capacidad institucional para atender estos asuntos, es decir, reconocer la calidad del funcionariado y del plantel de empleados que incubamos durante años.
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Ya con la biósfera artificial de autobombo, el primer paso hacia la autoevaluación y la calidad institucional sucedió en mayo con el taller del especialista Carlos Pérez Rasetti. El tallerista analizó el Plan de Desarrollo Institucional de la UNaM 2018-2026, revisó la visión de la universidad con el mismo espíritu que se aprecia en el fragmento de video: señalar con profesionalismo los términos fantasma que la gestión utiliza. Un ejemplo de qué sucede cuando se reemplaza el conocimiento por el coaching. El recorte audiovisual se enfoca en el término espíritu emprendedor, uno de tantos (como ánimo de superación, que se encuentra en la evaluación de desempeño nodocente, construida por la misma gestión). Charlatanería imposible de medir. Así se promueve la pereza cognitiva y, después de tantos años, esto explica por qué avanzan los renovadores virginios sobre la universidad. |
Fragmentos del segundo encuentro del curso La evaluación en la universidad, se trata de la Visión PDI, el eje socioeducativo y el término espíritu emprendedor. Lo jugoso está en las pausas, la meditaciones, en lo dubitativo. Este video está acelerado en X1.3 |
Al margen de todo, vale disfrutar de la risa contagiosa de Pérez Rasetti y compartir el humor que aplica al cualquierismo institucional. Reírse de uno mismo es sano y evita paralizarse en la vergüenza.
A propósito, en este momento se despliega el Taller de Evaluación Institucional a cargo de la rectora Alicia Bohren y los secretarios generales Mauricio Franco (Extensión Universitaria), Pedro Zapata (Ciencia y Técnica) y Liliana Riveros (Infraestructura y Recursos Humanos).
Esta jornada procura ser participativa a pesar de la magra audiencia; de cualquier manera, en verdad es expositiva. Un formato en común con las asociaciones gremiales. La frustración de la experiencia 2018 y los ánimos no están para «hacer número» y simular participación democrática. Lo mismo pasará con el último tramo de asamblea nodocente para aprobar la evaluación de desempeño.
Nada raro: las autoridades no asimilan ni registran la palabra de los universitarios, los referentes son solamente personalismos que no representan más que un «hay que ocupar este lugar».
La devaluación de las figuras de autoridad por el desgaste de un modelo de gestión deficiente y la inacción sindical es evidente. También la apatía de la comunidad: incapaz de exigir o discutir con las «autoridades», apenas logra hacer pucherito y burlarse de las conducciones en los pasillos. Como si la baja calidad de referentes y funcionarios fuera material de entretenimiento privado y no un grave problema colectivo. Pero quién soy yo para juzgar las formas de aguantar y avalar a un gobierno badulaque.
Asumidos como espectadores chinchudos muy poco exigentes y sentados en los peores lugares, solo nos queda mirar cómo pasa la vida universitaria y esperar que alguien llame a alguien que haga algo. Para aguar las penas en estos casos, entre los trabajadores universitarios es frecuente el chiste sobre el verdadero significado del mote «planta permanente».
En ese sentido, dejo acá el documento del taller de autoevaluación con datos que podrían ser de interés contemplativo. Especialmente, porque algunos son parte de la información apropiada por la gestión.
El dato más curioso es el de la matrícula estudiantil que el equipo de gobierno no pudo copiar del SIU-Araucano y pegar en el portal de transparencia UNaM. Para la ocasión, presenta un promedio de distintos años, a granel, cosa de que no se sepa cuántas personas fueron privadas de estudiar en 2024 por el ajuste que ellos articulan o cuántas aspiran a ser profesionales, evidenciando la necesidad de sostener la universidad y pelear por un presupuesto sensato.
En caso de que haya noticias o agitación de la intersindical, mientras intentamos acomodarnos institucional y políticamente a las bravuconadas de Milei, agregaré la info después de este texto. No quiero perderme cómo desplegamos estos dos frentes de acción con nuestra esquizofrenia: repudiar las políticas de Milei y sus cómplices, pero adecuar la institución a las políticas de Milei y franelear con sus cómplices.
En lo personal, tengo interés en cómo trabajarán la continuidad del «flan de lucha» sin haber estimulado el diálogo y formación de las bases. Gremios a los que nunca se les escuchó decir ni una sola frase antipatronal, fuente del respeto y la confianza.
Suena perverso, cínico y desvergonzado, pero ¿acaso no tengo derecho al espectáculo? Yo aporto como cualquier espectador, solo espero que levanten el telón antes de que comience el momento humorístico en que todos preguntamos con picardía «¡¿qué marcha?!»
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