Por Marce Oliveira
Horizonte de eventos políticos: elecciones gremiales nodocentes
Desde hace dos años, escuchamos decir con frecuencia que Sergio Katogui (vicerrector actual) será el próximo rector de la Universidad Nacional de Misiones. Y es muy probable que suceda. Así de pobre es la cultura política de nuestra universidad.
¿Qué tiene que ver esto con lo anunciado en el título sobre el gremialismo nodocente? Todo. El año que viene también hay elecciones rectorales (entre otras) y la política nodocente existe y se ordena en la sombra de cualquier poder que ande dando vueltas. Ya tenemos la primera condición tradicional.
Las elecciones son el periodo de mayor efervescencia política en la UNaM, es cuando pueden negociarse los lugares de podercito y jurar lealtad a los patrones. Después, plancha y cosecha de beneficios. Los lobistas son esencialmente electoralistas.
En este instante, es imposible caracterizar listas, candidaturas y plataformas. La dinámica en curso tiene que ver más con la primera marea de la temporada electoralista. Tanteo y medición, en una mano los porotos y en la otra el maple.
Lo único sólido es la tradición política universitaria. Desde el presente, podemos conocer el horizonte de eventos preelectorales; pero más allá, nada. Veamos hasta dónde llega la visión.

En los últimos años, desde que Convergencia, Unidad y Compromiso echó cría en espacios clave de gobierno, la tendencia es evitar el sufragio y las discusiones públicas en cualquier plano. Promueven listas únicas de acuerdo y consenso, mientras desplazan el viejo y torpe método de listas con un huevo de cada canasta. El umbral entre la unidad en concordia y el simulacro electoral. Por mientras, coexisten. Así se sostienen en el poder, sin pasar por las urnas.
La falta de autonomía política nodocente está más que probada. Todo lo que el claustro haga sindicalmente será para legitimar y sostener a las autoridades de turno o, de cara a las elecciones, a quien tenga más chances de ganar. Esto puede verse en la comunicación de las agrupaciones de lobby o en la expresión de sus dirigentes: un discurso vacío, con palabras clave de coaching, pero sin referencias críticas a la realidad nodocente, apenas marketing de alguna figura de autoridad. El discurso político es casi inexistente hacia dentro de la universidad; hacia afuera, panelismo.
Hoy, casi el último día laboral antes de las vacaciones de verano, después de un año de flojera, Apunam llama a asamblea para conformar la junta electoral para las elecciones de Comisión Directiva 2026-2030.
La primera marea electoralista activa la pinza institucional, la Secretaría General de Infraestructura y Recursos Humanos y la Secretaría General de Economía y Finanzas. Aunque parezca que solo moldea el plano político de rectorado, el alcance es total. Por un lado, porque manejan la zanahoria de interés para el nodocente, la platita y el mecanismo de su ingreso o promoción, en todas las Unidades Académicas; por otro, porque estas secretarías articulan la resolución 045-2012 que hace posible la manipulación discrecional de recursos para las autoridades, la mano que prensa la herramienta.
En la segunda marea, ambas partes de la pinza sueltan o empujan sus líneas de construcción de listas. Sostener el pacto entre sí y las autoridades depende de que siempre se controlen los espacios y organismos que podrían llevar al colapso. Porque administrar las ruinas que la gestión deja detrás es tarea delicada.
Ya veremos qué agentes o referentes entran en escena. No es raro que, entre marea y marea, aparezca el sabalaje que solo vemos en temporada electoral, las tarariras que resbalan entre espacios y listas, y las mojarritas, esa gran mayoría que todavía cree que votar es la única manera de cambiar las cosas mientras come miguitas de pan.
Por mientras, tenemos charlas, reuniones e intercambios. Abundan las declaraciones de posturas, críticas a la Comisión Directiva actual, a las autoridades y al compromiso del claustro con la realidad inmediata.
Este emboyeré es posible también con integrantes de la conducción de Apunam y delegados en funciones que pretenden perpetuarse, activistas y curiosos recién llegados (o empujados). Las agrupaciones patronales levantan bandera y otros espacios intentan consolidarse.
Si este entusiasmo por participar y hacer algo hubiera sido regular durante los dos años de Milei, el ajuste no hubiese sido tan fácil en la UNaM. Si este activismo hubiera existido en 2018, Convergencia, Unidad y Compromiso no hubiese desgarrado el tejido institucional, social y político de la universidad. Pero no. Tristemente, hay ánimos propensos a la desafiliación.
Recurro a lo contrafactual y fantaseado porque, aunque hoy estemos dispuestos a salvar el gremio y la política nodocente, no lo hacemos: las intenciones son de ahora mismo, pero para después de las elecciones.
Poco y nada se hizo en 2024 y 2025, ¡ah, pero en 2026 será otra cosa! Esto quedó claro con la movilización del 18 de diciembre en contra de la reforma laboral de Milei, solo asistieron un puñado de nodos, dispersos y alejados de la conducción gremial (con justa razón).
Así es el entusiasmo nodocente por la vitalidad sindical: futurista. Es el entusiasmo que en este preciso instante permite violar el estatuto de Apunam y cancelar los plenarios de delegados, el que quiere el cargo sindical para no jubilarse, el que nunca pone un pie en las protestas, ni siquiera divulga y agita sindicalmente, el mismo entusiasmo que no se expresa públicamente sobre los problemas nodocentes. El entusiasmo del lobby.
El solo hecho de que el secretario general Vallejos haya promocionado estando en funciones gremiales —o, peor, haya abandonado su cargo gremial para volver a su puesto de trabajo y recibir el ascenso— sin una denuncia colectiva, refleja que el sindicalismo nodocente es un cachivache.
Si en medio del brutal ajuste de Milei no reaccionamos ante el perjuicio de la angurria sin fondo de las dirigencias institucionales y gremiales —que no utilizan las sobras de arbitrariedad para reparar el rezago de los trabajadores en tramo inferior o el abandono del personal precarizado— nuestro entusiasmo sindical es una payasada.
Con este horizonte y el entusiasmo en mano, debemos preguntarnos, ¿con qué clase de dirigencia vamos a revitalizar el sindicalismo nodocente? O todavía mejor, ¿con qué entusiasmo vamos a organizarnos desde las bases para impulsar una dirigencia, por lo menos, decente? Según nuestra trayectoria sindical, ¿de dónde vamos a sacar un sindicalismo que esté a la altura del ataque agresivo de La Libertad Avanza y sus cómplices provinciales y universitarios?
No me sorprendería que con la pinza institucional se termine conformando una lista única para la Comisión Directiva de Apunam, al fin y al cabo, la mano que aprieta el mango es la patronal.
Las elecciones me tienen sin cuidado, cada vez que puedo promuevo la autoconvocatoria y organización activa combativa, sin demasiado éxito, por supuesto, no es una modalidad que entusiasme a muchos. Si hay que votar, voto; si hay una lista independiente y antipatronal, mejor. Cuenten con este humilde servidor para construir un proyecto de esas características.
Hasta acá llega mi visión, un horizonte poco prometedor, conservador y pancho. La antipolítica de la que no podemos salir, o no queremos.